MIÉRCOLES 17: VIVE CONTRACORRIENTE (Lc 11,42-46) Por: Nubia Celis, Verbum Dei

En el contexto del evangelio de hoy podemos descubrir una de las claves más vitales para nuestra tarea evangelizadora: EL TESTIMONIO DE VIDA. Jesús era tremendamente sensible a la gente y a su búsqueda de Dios; veía como los fariseos aprovechaban su autoridad para atar cargas pesadas e insoportables y ponerlas sobre los hombros de los demás, mientras ellos gozaban de los puestos de honor y la buena vida; por eso les decía: “Hagan lo que les digan pero no imiten su ejemplo” “No les llamen ni se dejen llamar maestro o padre, porque uno solo es su Padre, el del cielo”.

La incoherencia y la doble vida es la principal causa de que muchos dejen la Iglesia y a Dios. El anti testimonio es una herida mortal en el Cuerpo de Cristo (la Iglesia). Todos sabemos que mantenerse fiel a Jesús y dar un buen testimonio no es algo fácil, y el que esté libre de pecado que tire la primera piedra; sin embargo, no es algo imposible y como decía Santa Teresa, necesita de una determinada determinación.

La gente necesita ver que luchamos y nos esforzamos por vivir lo que creemos; que la fe no es una teoría y que no seguimos a Jesús por el miedo a condenarnos, porque no tenemos nada más que hacer o no nos atrae para nada el mundo. La gente necesita vernos felices; un cristiano triste es un triste cristiano pero un cristiano feliz es un feliz anuncio de la fuerza de Jesús. Cuando la gente te vea sonreír tendría que preguntarte: ¿Por qué siempre tan alegre? ¿No tienes problemas? ¿De dónde sacas esa sonrisa?

La gente necesita ver que cada persona es importante para ti y que les amas no por lo que te dan sino por lo que son. Nuestra tarea misionera no tiene precio ¡damos gratis lo que recibimos gratis! Y si alguien quisiera comprarnos con obsequios o halagos, nos ofendía. La gente necesita ver que somos libres de las cosas, de los lujos innecesarios, de los puestos de honor y del dinero. Tienen que ver que no llevamos ni oro ni plata y que la fuerza de nuestra predicación no depende exclusivamente del marketing ni de los medios económicos, sino de la presencia viva del Dios que nos sostiene.

La nueva evangelización tan querida y tan urgente en nuestra Iglesia dará su fruto cuando nos vean convencidos y enamorados de Cristo.

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